20 noviembre, 2007

La tercera conferencia de la Cátedra Roberto Bolaño estuvo a cargo del ensayista, antologador y crítico literario mexicano Christopher Domínguez Michael. Su ponencia dialogó, sobre todo, con la relación que Bolaño tuvo no sólo con la literatura mexicana, sino también con una idea nacional de México, haciendo de la periferia un centro.

Primero fueron Piglia y Montiel quienes dictaron destacadas conferencias en el marco de la Cátedra Roberto Bolaño. El pasado miércoles 24 de octubre el turno fue del mexicano Christopher Domínguez Michael quien, ante un completo auditorio, expuso su charla “Roberto Bolaño y la literatura mexicana”.

Este destacado ensayista, antologador y crítico literario nunca conoció a Bolaño, pues todavía era un niño cuando el autor de Los detectives salvajes encalló en México, país más que presente en su obra. Justamente lo que destaca Domínguez Michael es la mirada que posee Bolaño sobre México; un México que se yergue ante los ojos de este extranjero capaz de fijarse en los detalles de una patria que los ojos mexicanos pasan por alto, un retrato original que causa identificación: “captó una serie de cosas que los que nacimos en la Ciudad de México no habíamos reparado (…) y de alguna manera todos nosotros, no solo los mexicanos sino también los que hemos hecho carrera literaria en México, nos sentimos identificados”, explicó el autor de La vida de Fray Servando.

Esta lúcida visión primó en su charla dada en la Cátedra, al hacer constantes cruces con la literatura, la obra/vida de Bolaño, México y Latinoamérica. Para ello se centró, principalmente, en Los detectives salvajes, Amuleto y 2666: la primera, por ser la novela de formación de un joven poeta, de la búsqueda de un canon y de la vanguardia en un país como México, donde no hubo vanguardia; la segunda, por considerarla su novela más personal en cuanto emerge su lado tierno y pulsión latinoamericana; y, la tercera, por constituirse en la novela del crepúsculo, de la madurez que se va hundiendo a la decadencia, con tintes apocalípticos.

En todo su recorrido Christopher Domínguez Michael confesó un profundo respeto y admiración por una obra de Bolaño que traspasa los límites circunscritos sólo a la literatura y se mueve en las aguas de proyectos mayores, pues “nos dio a los mexicanos una idea nacional de México (…) y ha querido contar una especie de historia del mundo, donde el centro sea la periferia”, dijo al finalizar su exposición.