Amuleto, a propósito de América Latina

 

Por Miguel Molina Díaz

Publicado en El Universo

 

Probablemente 1968 fue uno de los años más emblemáticos del siglo XX. En diferentes regiones del mundo la poesía, como respuesta revolucionaria, salía a las calles. Los checos resistían la represión de los soviéticos en la Primavera de Praga, los estudiantes de París querían llevar la imaginación al poder y el cerdo Pigasus era proclamado candidato presidencial en los Estados Unidos. Fue un año difícil, inspirador. Y fue también el año de la matanza en la Plaza de Tlatelolco en México.

Ese es el contexto en el que la escritura penetrante de Roberto Bolaño, en la voz de Auxilio Lacouture, nos cuenta aquella olvidada historia acontecida el 18 de septiembre de 1968, cuando el ejército violó la autonomía universitaria e invadió la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Lacouture, la madre de la poesía mexicana, no hace sino relatar ese momento incomprensible de su vida en que las fuerzas del orden la encontraron –¿acaso desprevenida?– en el inodoro de la Facultad de Filosofía y Letras.

Leyendo un libro de poesía de don Pedrito Garfias, con las nalgas sobre el abismo del excusado, una coincidencia del devenir latinoamericano convierte a Auxilio Lacouture en el último resquicio de la autonomía de la UNAM, durante uno de los más bochornosos episodios del continente. Fue ella, la madre de la poesía mexicana –no los intelectuales, ni los políticos, ni los líderes de la opinión pública– quién resistió. Y lo hizo abriendo la puerta descompuesta de la memoria, desde donde se aventuró a recordar los días del pasado e indagar en los que vendrían después. ¿La memoria, entonces, puede ser vidente o más bien una cábala?

Amuleto, con su profunda prosa poética, contribuye además a dar más luces sobre el personaje Arturito Belano –alter ego de Bolaño–, el fundador del movimiento realvisceralista de poesía que aparece en Los Detectives Salvajes. La novela es una apuesta revolucionaria (tal vez a razón de eso se habla de la poeta Lilian Serpas, que hizo el amor con el Che Guevara). Y por eso se evoca el viaje que Belano hizo a Chile para defender al gobierno de Salvador Allende, su retorno a México y su ruptura con los poetas jóvenes, su necesidad de una nueva estética poética que irrumpa y quebrante la vigente. La esperanza, al fin y al cabo, de hacer la revolución de América Latina por medio de la poesia.

Belano, en ese sentido, también es un amuleto, un llamado de atención sobre la arquitectura moral que, pese a todo, debe guardar un poeta. No es coincidencia entonces que sea él quién se enfrenta al Rey de los Putos de la colonia Guerrero y, tan solo con la firmeza de su palabra, lo vence. Pues sólo a los poetas les queda valor. Y tal vez la culpable de todo eso sea la época. Una época que perdió y desquició a los jóvenes soñadores. Una época de arrebatos revolucionarios que terminaban aplacados sino por las fuerzas del orden o los amarres políticos, por la desesperanza y la desilusión.

Pero nadie tiene la culpa de la desesperanza. Somos únicamente culpables de perder la visión de lo que somos, cuando perdemos el amuleto que es nuestra conciencia. Y si perdemos la visión, lo hemos perdido todo. Ese es el sentido en que vale la pena leer esta breve novela en la que Bolaño nos muestra la hermandad entre el género novelístico y la poesía. Quienes pretendan consagrarse como lectores de alto vuelo, con esta novela pierden su tiempo. Quienes quieran encontrar una voz cotidiana, un último resquicio de autonomía, un amuleto: están frente al poema correcto. (O)

Imagen destacada extraída de Análisis Cultural América Latina

Publicado en El Universo, con fecha 8 de diciembre 2019